viernes, 31 de julio de 2026

Andy López Oquendo

 

Asteroide es bautizado con nombre de un humacaeño

El reconocimiento, considerado uno de los más especiales que puede recibir un astrónomo dedicado al estudio de estos cuerpos, no es solicitado por los científicos ni depende de que estos presenten una nominación.

Durante años, Andy López Oquendo ha estudiado asteroides, aquellos cuerpos que se desplazan a millones de kilómetros de la Tierra y guardan pistas sobre el origen del sistema solar. Hace unas semanas, sin embargo, uno de ellos terminó ligado para siempre a su propia historia.

El científico puertorriqueño se encontraba en Polonia, participando de la conferencia internacional Asteroids, Comets, Meteors cuando llegó el momento de anunciar los reconocimientos de la Unión Astronómica Internacional (UAI). El humacaeño, de 29 años, escuchaba atentamente sin sospechar que su nombre pronto sería uno de los pronunciados.

Entonces, se enteró de que el asteroide (20095), hasta ese momento conocido como 1994 PG35, pasaría a llamarse “ANDYLOPEZOQUENDO” en honor a sus aportaciones científicas al campo de la astronomía.

“No me lo esperaba”, relató el doctor en entrevista telefónica con El Nuevo Día.

“En ese momento era demasiada emoción. Incredulidad sería la palabra para describirlo”, expresó al reflexionar sobre aquel momento que vivió hace casi tres semanas.

El reconocimiento, considerado uno de los más especiales que puede recibir un astrónomo dedicado al estudio de estos cuerpos, no es solicitado por los científicos ni depende de que estos presenten una nominación. La UAI evalúa las aportaciones significativas y permanentes realizadas dentro del campo.

López Oquendo aseguró que necesitó varios días —quizás semanas— para comenzar a comprender lo que implicaba que un asteroide llevara su nombre.

“Uno trabaja durante años enfocado en hacer buena ciencia, no realmente pensando en recibir ningún reconocimiento. Es por el amor, por la pasión que uno le tiene a esta rama”, expresó.

Tras el anuncio, llamó a sus familiares en Puerto Rico. Desde entonces, sus padres y demás seres queridos se han encargado de difundir la noticia por su pueblo natal y otras comunidades del este.

“No hay persona en Humacao, que es de donde yo soy, que no sepa de esta noticia. Son simplemente mis padres y mis familiares propagándola”, relató entre risas.

Para el científico, la distinción no representa únicamente sus logros individuales, sino también los sacrificios de las personas que lo acompañaron durante su formación.

“Este reconocimiento no tan solo me representa a mí. Detrás de todos estos sacrificios está la familia, hay amistades, maestros y profesores que tuvieron papeles cruciales”, sostuvo.

UN ASTEROIDE A MILLONES DE KILÓMETROS

El asteroide ANDYLOPEZOQUENDO está ubicado a unas 2.86 unidades astronómicas, equivalentes a aproximadamente 433 millones de kilómetros, dentro del cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Una unidad astronómica representa la distancia promedio entre la Tierra y el Sol, por lo que el objeto se encuentra a casi tres veces esa separación, explicó el científico boricua, quien también colabora en misiones con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, en inglés).

Según López Oquendo, se estima que el asteroide mide entre cinco y siete kilómetros de diámetro. Algunos datos sugieren que podría contener materiales carbonatados, aunque todavía no se conoce con precisión su composición.

Su distancia, tamaño y posición dificultan que pueda ser estudiado con mayor detalle. Para observarlo, los científicos deben esperar a que se produzca una geometría favorable entre el objeto, la Tierra y el Sol.

Una de esas oportunidades llegará en agosto de 2057, cuando se abrirá una ventana para estudiarlo mediante telescopios ópticos e infrarrojos.

López Oquendo no descarta que, llegado ese momento, pueda investigar personalmente el cuerpo que llevará su nombre durante millones de años.

“Sí, definitivamente”, respondió al preguntársele si le gustaría estudiarlo cuando las condiciones lo permitan.

SUS PRIMEROS PASOS EN HUMACAO Y ARECIBO

El camino de López Oquendo en la ciencia comenzó en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, donde completó, en 2019, un bachillerato en Física Aplicada a la Electrónica y una concentración menor en Matemáticas.

Fue durante esa etapa que comenzó a trabajar en el estudio de asteroides y colaboró con el grupo de radar planetario del radiotelescopio del Observatorio de Arecibo.

Ese mismo año se trasladó a Arizona para realizar sus estudios doctorales en la Universidad del Norte de Arizona, donde se especializó en la caracterización física y química de asteroides cercanos a la Tierra.

En 2024, obtuvo un doctorado en Astronomía y Ciencias Planetarias, luego de dedicar cinco años al desarrollo de técnicas para caracterizar rápidamente objetos que pudieran representar un riesgo de impacto.

El científico también asumió el liderato de MIRSI, una cámara de infrarrojo medio instalada en el NASA Infrared Telescope Facility, que permite medir los flujos termales de los asteroides y estimar su tamaño.

Conocer las dimensiones de estos cuerpos es fundamental para determinar el peligro que podrían representar y desarrollar estrategias de defensa planetaria.

López Oquendo resaltó la importancia de contar con esta tecnología tras el colapso del radiotelescopio de Arecibo, debido a que existen pocos instrumentos en el mundo capaces de realizar ese tipo de medición.

HACIA LOS ASTEROIDES TROYANOS DE JÚPITER

Actualmente, el puertorriqueño trabaja como científico postdoctoral en la misión Lucy de la NASA, lanzada en 2021 para estudiar de cerca los asteroides troyanos de Júpiter, considerados remanentes de las primeras etapas del sistema solar.

Estos objetos orbitan junto a Júpiter y, debido a su gran distancia y a sus superficies muy oscuras, aún se conoce poco sobre su composición y evolución.

“Lo que son hoy día fue lo que fueron hace por lo menos 4,600 millones de años durante la formación de esos gigantes gaseosos”, explicó López Oquendo.

En agosto de 2027, Lucy realizará un sobrevuelo del asteroide troyano Eurybates, que permitirá obtener por primera vez imágenes y datos detallados de su composición.

Como parte de la misión, López Oquendo ayuda a planificar los sobrevuelos, determinando cuándo y desde qué ángulos los instrumentos de la nave deben recopilar información.

“En palabras básicas, hacemos un ‘flyby’ y hay secuencias donde le decimos al instrumento: ‘Mira, vas a obtener datos aquí’”, explicó.

EL ENCUENTRO CON APOPHIS

López Oquendo también colabora con OSIRIS-APEX, la continuación de la misión OSIRIS-REx, que llevó a la Tierra la primera muestra del asteroide Bennu.

La nueva misión estudiará Apophis durante su extraordinario acercamiento a la Tierra. Apophis será el primer asteroide de su tamaño en pasar así de cerca en la historia de la civilización humana.

Aunque no representa un riesgo de impacto, su paso permitirá a los científicos analizar cómo la gravedad terrestre modifica la estructura y evolución de un asteroide.

El puertorriqueño participará en la caracterización del objeto desde la Tierra y en el análisis de los datos científicos cuando la nave llegue a su destino.

“NADA ES IMPOSIBLE”

El científico creció en Puerto Rico dentro de una familia que describió como “sumamente humilde”. Aunque su trayectoria lo llevó desde Humacao hasta algunas de las principales misiones espaciales de la NASA, aseguró que nunca inició su carrera con el único objetivo de trabajar para la agencia.

Su meta, dijo, siempre fue hacer buena ciencia y aportar a la sociedad, independientemente del lugar en el que terminara trabajando.

El recorrido tampoco estuvo libre de obstáculos. Recordó que, al inicio de su formación, el dominio del inglés representó una barrera que decidió enfrentar.

La disciplina, la responsabilidad y la consistencia, afirmó, fueron las herramientas que le permitieron continuar avanzando.

Ahora reconoce que existen jóvenes puertorriqueños que lo ven como referencia. Por eso, entiende que el nombre colocado en el asteroide también pertenece, de alguna manera, al país que lo formó.

“Hay mucho más detrás de esto. No es tan solo para mí, sino para todos esos puertorriqueños que están viendo que realmente hay un nombre puertorriqueño en un asteroide que estará ahí millones y millones de años”, manifestó.

Su mensaje para quienes desean dedicarse a la ciencia es que el lugar donde comienza una historia no determina hasta dónde puede llegar.

“Nada es imposible. Uno se traza una meta, no importa dónde nazca ni cuán difícil sea el camino”, afirmó.

“Hay que mantenerse siempre con la curiosidad por delante”, concluyó el científico.

“Uno trabaja durante años enfocado en hacer buena ciencia, no realmente pensando en recibir ningún reconocimiento. Es por el amor, por la pasión que uno le tiene a esta rama” ANDY LÓPEZ OQUENDO CIENTÍFICO BORICUA

“Este reconocimiento no tan solo me representa a mí. Detrás de todos estos sacrificios está la familia, hay amistades, maestros y profesores que tuvieron papeles cruciales”

ANDY LÓPEZ OQUENDO CIENTÍFICO BORICUA

domingo, 12 de julio de 2026

Luis Rafael Sánchez abre las puertas de su cotidianidad

 

Luis Rafael Sánchez abre las puertas de su cotidianidad

El escritor abre las puertas de su cotidianidad: habla de la amistad, la familia, el único arrepentimiento de su vida, la timidez que aún lo acompaña y la mirada sensible con la que sigue encontrando belleza

Luis Rafael Sánchez ha presentado su escritura por todo el mundo y ha sido amigo y colega de grandes escritores del llamado “boom”, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, por nombrar algunos.

El maestro espera sentado. La camisa amarilla que lleva puesta como chaleco sobresale cual rayo de sol en la penumbra íntima del restaurante.

Es el mediodía de un viernes, periodo efímero y universal del almuerzo, y el lugar comienza a llenarse. Pero allí, sentado entre todo el ruido, está él, tranquilo, observando en silencio: centinela de la cotidianidad: cronista de los gozos y tristezas de corazones colonizados: sembrador de palabras puertorriqueñas.

Don Luis Rafael Sánchez alza la mirada y sonríe, listo para conversar.

Prefiere los lugares como este, sitios donde pueda sentarse y estar en paz, donde no haya ajoros, donde el servicio sea bueno y la comida se sirva muy, muy caliente.

Queda claro de inmediato su familiaridad con el espacio. Los empleados se le acercan y lo saludan con cariño, los conoce a todos por sus nombres, les pregunta por sus familias.

Camareros, meseros y cocineros, todos, salen momentáneamente de sus estaciones para llegar hasta el hombre e intercambiar palabras breves con él. Luis Rafael los recibe a todos, los escucha con atención, ríe con ellos.

Mientras esto pasa, comienza a hablar sobre cómo un percance un tanto cómico casi le impide llegar. No podía abrir el portón de su casa por una aparente testarudez del control remoto que usa para ello. Intentó de varias maneras, pero nada funcionaba. Estaba a punto de rendirse.

Pero entonces pasó un pequeño milagro –digamos que un milagrito–, un vecino le abrió el portón. Así, Luis Rafael logró salir de su hogar sin saber cómo exactamente lograría entrar de vuelta al regresar.

Cuando acaba la narración de su desventura mañanera, una dama se levanta de una mesa cercana y se acerca tímidamente.

“Perdóneme, solo quería venir un momento a saludar. Soy la presidenta de su ‘fan club’”, le explica.

Luis Rafael la observa cálidamente y comienza a levantarse de la mesa.

“¡No se me vaya a levantar!”, le dice la mujer. “No tiene que hacerlo, por favor”, añade, con modestia.

La respuesta de Luis Rafael es tan caballerosa como severa.

“¿Cómo que no? Ante una dama uno siempre se levanta”, le responde, de pie, y agarra la mano de la mujer entre las suyas.

“Usted es nuestro orgullo”, dice la dama, mirando al escritor a los ojos. “¿Podríamos tomarnos una foto?”.

El escritor accede y la presidenta de su “fan-club” le hace señas a otras mujeres sentadas en su mesa, otras integrantes del club, que se acercan para fotografiarse junto a Luis Rafael.

Luis Rafael después regresa a su asiento, con la intención de continuar su conversación, pero otra breve interrupción se lo impide. Aparece en escena el billetero: el vendedor de lotería tradicional al que le compra regularmente.

El hombre se acerca con las enormes hojas llenas de números y le muestra la selección al escritor quien, sin mucho trabajo, elige uno y compra la hoja entera.

“Esta semana va a ser bendecido”, le dice el billetero, con una sonrisa de buena gente. “Todas las semanas me dice la misma mentira, parece el hermano perdido de Pinocho”, le responde Luis Rafael, y las voces de los dos hombres se unen en un concierto a dos voces de carcajadas.

“Me gustan más los restaurantes donde yo me siento yo”, dice el escritor, una vez ha terminado la transacción.

UN HOMBRE TÍMIDO

Habla, entonces, sobre su familia. Recuerda a sus padres y a sus hermanos. Repasa algunos de los momentos iniciales de su vida. Habla de su muy amado sobrino y lo mucho que lo quiere.

A pesar de su popularidad y la importancia de su obra, Luis Rafael se reconoce como un hombre un tanto tímido. Detesta los excesos de cumplidos y deferencia, admite que lo “pasman”.

Se ha resistido a lo largo de su vida a las tecnologías más allá de las estrictamente necesarias. Prefiere la gentileza de lo simple, en un mundo arropado por la indiferencia de lo difícil.

Este año se conmemora el aniversario número 50 de su obra más famosa, “La guaracha del Macho Camacho”, novela amada, admirada, odiada, criticada, mal entendida, y perfecta. Jamás pensó que su libro tendría el alcance que tuvo.

–¿Quería usted decir algo sobre la sociedad puertorriqueña en ese momento?

-“Sí, sobre todo porque fue un momento en el que el país estaba empezando a descomponerse, como en la víspera de la descomposición. Yo creo que a mucha gente no le gustó. Se vendió mucho. Salieron varias ediciones. Vino la traducción…”

Pero algo más importante llama su atención. Un par de mesas más adelante, un padre cena con sus hijos. Chicos vestidos en uniformes deportivos, uno de quizás 12 años, el otro de no más de 10. El más pequeño tiene su cabeza recostada sobre el hombro del otro, y el mayor tiene su cabeza pegada a la de su hermano. La escena conmueve a Luis Rafael, que se detiene a mirarla como si se tratara de una pintura.

“Mire cómo tan hermoso está ese hermano confortando al otro…”, dice, y hace un breve silencio contemplativo.

La mesa del padre y los niños llamará su atención a lo largo de toda la conversación. Él mismo no tuvo hijos, pero imágenes como esa, las de una paternidad afectiva y sensible, le parecen verdaderamente bellas, y cuando las encuentra, no puede evitar admirarlas.

VIDA EN PLENITUD

La vida de Luis Rafael Sánchez ha sido una llena de grandes aventuras.

Ha viajado y presentado su escritura en varias partes del mundo, ha sido amigo y colega de grandes escritores del llamado “boom”, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, por nombrar solo algunos, y ha sido camarada y compinche de muchísimos autores puertorriqueños como Ana Lydia Vega y Magali García Ramis.

Ha sido un propulsor ávido y consciente de escritores de nuevas generaciones, como Ana Teresa Toro, Mayra Santos Febres, Cezanne Cardona y Manolo Núñez Negrón. Ha sabido ser el escalón que permite a otros subir, y ha sabido serlo bien.

Es quizá por eso que ha cultivado tantas grandes amistades. Ese amor lo alimenta, le da vida. Compartir con sus seres queridos, personas que lo han acompañado la mayor parte de su vida, es su ancla al mundo. Ama conversar, ama aprender cosas nuevas, ama apreciar la vida misma.

AMISTADES PROTECTORAS

Cuenta cómo sus amigos lo cuidan y el cariño profundo que le tienen, cariño que les ha llevado a situaciones divertidas e incómodas.

Recuerda una vez que un amigo le ofreció, o más bien decidió por él, que lo llevaría a su casa luego de un evento al que había llegado un poco ajorado y sin transportación. En ese mismo lugar, se encontró con otro amigo que al verlo, también se ofreció a llevarlo. Cuando el primer amigo escuchó el intercambio, no tardó en recordarle a Luis Rafael que ya había un acuerdo entre ellos.

“Se me acercó y me dijo, ‘recuerda que te voy a llevar yo, que ahora todo mundo no se vaya a ofrecer a llevarte’. Y yo le dije que no fuera celoso”, relata, sonriendo.

–Se le puso tóxico, como dicen en estos días. -“No sabía que se dice tóxico”, responde, curioso.

–Sí, cuando tiene a una persona así, un poco controladora, le dicen ahora que son cariños tóxicos. Así que se puede decir que su amigo se le puso un poco tóxico.

-“¡Se me puso mucho tóxico!”, corrige. “Pero yo no conocía esa categoría, me hubiera salvado. ¡Qué genial! El problema fue que me lo dijo tan serio, me trató como propiedad. Me lo dijo en un tono tan macharrano”, explica y termina riendo.

El restaurante ha comenzado a vaciarse. La intensidad del mediodía se ha fraguado hasta quedar todo como un mar tranquilo. El padre y los niños de la mesa de más adelante ya han partido.

Esa estampa hermosa, que quizá le parezca lejana, es, de cierto modo, un reflejo de su vida como tantos otros la ven: gran milagro ese –digamos que un milagrote–, el de ser padre de toda una literatura, el de ser padre de tantos y tantos escritores, el de ser el padre afectivo y amoroso del escribir en puertorriqueño.

Y allí, en el silencio creciente del salón, Luis Rafael Sánchez, como un rayo de luz solar, sobresale de entre la penumbra, como diciendo con potencia bíblica que aquí sigue y seguirá la luz, hecha persona.

“Se me ha ocurrido en varias ocasiones que algún día tengo que escribir de eso”, comenta de repente, en voz baja. “De los celos de los amigos”.

Entonces, alza la mirada y sonríe.

“Fue un momento en el que el país estaba empezando a descomponerse, como en la víspera de la descomposición. Yo creo que a mucha gente no le gustó. Se vendió mucho. Salieron varias ediciones. Vino la traducción…”

LUIS RAFAEL SÁNCHEZ AL HABLAR SOBRE “LA GUARACHA DEL MACHO CAMACHO”