viernes, 31 de julio de 2026

Andy López Oquendo

 

Asteroide es bautizado con nombre de un humacaeño

El reconocimiento, considerado uno de los más especiales que puede recibir un astrónomo dedicado al estudio de estos cuerpos, no es solicitado por los científicos ni depende de que estos presenten una nominación.

Durante años, Andy López Oquendo ha estudiado asteroides, aquellos cuerpos que se desplazan a millones de kilómetros de la Tierra y guardan pistas sobre el origen del sistema solar. Hace unas semanas, sin embargo, uno de ellos terminó ligado para siempre a su propia historia.

El científico puertorriqueño se encontraba en Polonia, participando de la conferencia internacional Asteroids, Comets, Meteors cuando llegó el momento de anunciar los reconocimientos de la Unión Astronómica Internacional (UAI). El humacaeño, de 29 años, escuchaba atentamente sin sospechar que su nombre pronto sería uno de los pronunciados.

Entonces, se enteró de que el asteroide (20095), hasta ese momento conocido como 1994 PG35, pasaría a llamarse “ANDYLOPEZOQUENDO” en honor a sus aportaciones científicas al campo de la astronomía.

“No me lo esperaba”, relató el doctor en entrevista telefónica con El Nuevo Día.

“En ese momento era demasiada emoción. Incredulidad sería la palabra para describirlo”, expresó al reflexionar sobre aquel momento que vivió hace casi tres semanas.

El reconocimiento, considerado uno de los más especiales que puede recibir un astrónomo dedicado al estudio de estos cuerpos, no es solicitado por los científicos ni depende de que estos presenten una nominación. La UAI evalúa las aportaciones significativas y permanentes realizadas dentro del campo.

López Oquendo aseguró que necesitó varios días —quizás semanas— para comenzar a comprender lo que implicaba que un asteroide llevara su nombre.

“Uno trabaja durante años enfocado en hacer buena ciencia, no realmente pensando en recibir ningún reconocimiento. Es por el amor, por la pasión que uno le tiene a esta rama”, expresó.

Tras el anuncio, llamó a sus familiares en Puerto Rico. Desde entonces, sus padres y demás seres queridos se han encargado de difundir la noticia por su pueblo natal y otras comunidades del este.

“No hay persona en Humacao, que es de donde yo soy, que no sepa de esta noticia. Son simplemente mis padres y mis familiares propagándola”, relató entre risas.

Para el científico, la distinción no representa únicamente sus logros individuales, sino también los sacrificios de las personas que lo acompañaron durante su formación.

“Este reconocimiento no tan solo me representa a mí. Detrás de todos estos sacrificios está la familia, hay amistades, maestros y profesores que tuvieron papeles cruciales”, sostuvo.

UN ASTEROIDE A MILLONES DE KILÓMETROS

El asteroide ANDYLOPEZOQUENDO está ubicado a unas 2.86 unidades astronómicas, equivalentes a aproximadamente 433 millones de kilómetros, dentro del cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Una unidad astronómica representa la distancia promedio entre la Tierra y el Sol, por lo que el objeto se encuentra a casi tres veces esa separación, explicó el científico boricua, quien también colabora en misiones con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, en inglés).

Según López Oquendo, se estima que el asteroide mide entre cinco y siete kilómetros de diámetro. Algunos datos sugieren que podría contener materiales carbonatados, aunque todavía no se conoce con precisión su composición.

Su distancia, tamaño y posición dificultan que pueda ser estudiado con mayor detalle. Para observarlo, los científicos deben esperar a que se produzca una geometría favorable entre el objeto, la Tierra y el Sol.

Una de esas oportunidades llegará en agosto de 2057, cuando se abrirá una ventana para estudiarlo mediante telescopios ópticos e infrarrojos.

López Oquendo no descarta que, llegado ese momento, pueda investigar personalmente el cuerpo que llevará su nombre durante millones de años.

“Sí, definitivamente”, respondió al preguntársele si le gustaría estudiarlo cuando las condiciones lo permitan.

SUS PRIMEROS PASOS EN HUMACAO Y ARECIBO

El camino de López Oquendo en la ciencia comenzó en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, donde completó, en 2019, un bachillerato en Física Aplicada a la Electrónica y una concentración menor en Matemáticas.

Fue durante esa etapa que comenzó a trabajar en el estudio de asteroides y colaboró con el grupo de radar planetario del radiotelescopio del Observatorio de Arecibo.

Ese mismo año se trasladó a Arizona para realizar sus estudios doctorales en la Universidad del Norte de Arizona, donde se especializó en la caracterización física y química de asteroides cercanos a la Tierra.

En 2024, obtuvo un doctorado en Astronomía y Ciencias Planetarias, luego de dedicar cinco años al desarrollo de técnicas para caracterizar rápidamente objetos que pudieran representar un riesgo de impacto.

El científico también asumió el liderato de MIRSI, una cámara de infrarrojo medio instalada en el NASA Infrared Telescope Facility, que permite medir los flujos termales de los asteroides y estimar su tamaño.

Conocer las dimensiones de estos cuerpos es fundamental para determinar el peligro que podrían representar y desarrollar estrategias de defensa planetaria.

López Oquendo resaltó la importancia de contar con esta tecnología tras el colapso del radiotelescopio de Arecibo, debido a que existen pocos instrumentos en el mundo capaces de realizar ese tipo de medición.

HACIA LOS ASTEROIDES TROYANOS DE JÚPITER

Actualmente, el puertorriqueño trabaja como científico postdoctoral en la misión Lucy de la NASA, lanzada en 2021 para estudiar de cerca los asteroides troyanos de Júpiter, considerados remanentes de las primeras etapas del sistema solar.

Estos objetos orbitan junto a Júpiter y, debido a su gran distancia y a sus superficies muy oscuras, aún se conoce poco sobre su composición y evolución.

“Lo que son hoy día fue lo que fueron hace por lo menos 4,600 millones de años durante la formación de esos gigantes gaseosos”, explicó López Oquendo.

En agosto de 2027, Lucy realizará un sobrevuelo del asteroide troyano Eurybates, que permitirá obtener por primera vez imágenes y datos detallados de su composición.

Como parte de la misión, López Oquendo ayuda a planificar los sobrevuelos, determinando cuándo y desde qué ángulos los instrumentos de la nave deben recopilar información.

“En palabras básicas, hacemos un ‘flyby’ y hay secuencias donde le decimos al instrumento: ‘Mira, vas a obtener datos aquí’”, explicó.

EL ENCUENTRO CON APOPHIS

López Oquendo también colabora con OSIRIS-APEX, la continuación de la misión OSIRIS-REx, que llevó a la Tierra la primera muestra del asteroide Bennu.

La nueva misión estudiará Apophis durante su extraordinario acercamiento a la Tierra. Apophis será el primer asteroide de su tamaño en pasar así de cerca en la historia de la civilización humana.

Aunque no representa un riesgo de impacto, su paso permitirá a los científicos analizar cómo la gravedad terrestre modifica la estructura y evolución de un asteroide.

El puertorriqueño participará en la caracterización del objeto desde la Tierra y en el análisis de los datos científicos cuando la nave llegue a su destino.

“NADA ES IMPOSIBLE”

El científico creció en Puerto Rico dentro de una familia que describió como “sumamente humilde”. Aunque su trayectoria lo llevó desde Humacao hasta algunas de las principales misiones espaciales de la NASA, aseguró que nunca inició su carrera con el único objetivo de trabajar para la agencia.

Su meta, dijo, siempre fue hacer buena ciencia y aportar a la sociedad, independientemente del lugar en el que terminara trabajando.

El recorrido tampoco estuvo libre de obstáculos. Recordó que, al inicio de su formación, el dominio del inglés representó una barrera que decidió enfrentar.

La disciplina, la responsabilidad y la consistencia, afirmó, fueron las herramientas que le permitieron continuar avanzando.

Ahora reconoce que existen jóvenes puertorriqueños que lo ven como referencia. Por eso, entiende que el nombre colocado en el asteroide también pertenece, de alguna manera, al país que lo formó.

“Hay mucho más detrás de esto. No es tan solo para mí, sino para todos esos puertorriqueños que están viendo que realmente hay un nombre puertorriqueño en un asteroide que estará ahí millones y millones de años”, manifestó.

Su mensaje para quienes desean dedicarse a la ciencia es que el lugar donde comienza una historia no determina hasta dónde puede llegar.

“Nada es imposible. Uno se traza una meta, no importa dónde nazca ni cuán difícil sea el camino”, afirmó.

“Hay que mantenerse siempre con la curiosidad por delante”, concluyó el científico.

“Uno trabaja durante años enfocado en hacer buena ciencia, no realmente pensando en recibir ningún reconocimiento. Es por el amor, por la pasión que uno le tiene a esta rama” ANDY LÓPEZ OQUENDO CIENTÍFICO BORICUA

“Este reconocimiento no tan solo me representa a mí. Detrás de todos estos sacrificios está la familia, hay amistades, maestros y profesores que tuvieron papeles cruciales”

ANDY LÓPEZ OQUENDO CIENTÍFICO BORICUA

domingo, 12 de julio de 2026

Luis Rafael Sánchez abre las puertas de su cotidianidad

 

Luis Rafael Sánchez abre las puertas de su cotidianidad

El escritor abre las puertas de su cotidianidad: habla de la amistad, la familia, el único arrepentimiento de su vida, la timidez que aún lo acompaña y la mirada sensible con la que sigue encontrando belleza

Luis Rafael Sánchez ha presentado su escritura por todo el mundo y ha sido amigo y colega de grandes escritores del llamado “boom”, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, por nombrar algunos.

El maestro espera sentado. La camisa amarilla que lleva puesta como chaleco sobresale cual rayo de sol en la penumbra íntima del restaurante.

Es el mediodía de un viernes, periodo efímero y universal del almuerzo, y el lugar comienza a llenarse. Pero allí, sentado entre todo el ruido, está él, tranquilo, observando en silencio: centinela de la cotidianidad: cronista de los gozos y tristezas de corazones colonizados: sembrador de palabras puertorriqueñas.

Don Luis Rafael Sánchez alza la mirada y sonríe, listo para conversar.

Prefiere los lugares como este, sitios donde pueda sentarse y estar en paz, donde no haya ajoros, donde el servicio sea bueno y la comida se sirva muy, muy caliente.

Queda claro de inmediato su familiaridad con el espacio. Los empleados se le acercan y lo saludan con cariño, los conoce a todos por sus nombres, les pregunta por sus familias.

Camareros, meseros y cocineros, todos, salen momentáneamente de sus estaciones para llegar hasta el hombre e intercambiar palabras breves con él. Luis Rafael los recibe a todos, los escucha con atención, ríe con ellos.

Mientras esto pasa, comienza a hablar sobre cómo un percance un tanto cómico casi le impide llegar. No podía abrir el portón de su casa por una aparente testarudez del control remoto que usa para ello. Intentó de varias maneras, pero nada funcionaba. Estaba a punto de rendirse.

Pero entonces pasó un pequeño milagro –digamos que un milagrito–, un vecino le abrió el portón. Así, Luis Rafael logró salir de su hogar sin saber cómo exactamente lograría entrar de vuelta al regresar.

Cuando acaba la narración de su desventura mañanera, una dama se levanta de una mesa cercana y se acerca tímidamente.

“Perdóneme, solo quería venir un momento a saludar. Soy la presidenta de su ‘fan club’”, le explica.

Luis Rafael la observa cálidamente y comienza a levantarse de la mesa.

“¡No se me vaya a levantar!”, le dice la mujer. “No tiene que hacerlo, por favor”, añade, con modestia.

La respuesta de Luis Rafael es tan caballerosa como severa.

“¿Cómo que no? Ante una dama uno siempre se levanta”, le responde, de pie, y agarra la mano de la mujer entre las suyas.

“Usted es nuestro orgullo”, dice la dama, mirando al escritor a los ojos. “¿Podríamos tomarnos una foto?”.

El escritor accede y la presidenta de su “fan-club” le hace señas a otras mujeres sentadas en su mesa, otras integrantes del club, que se acercan para fotografiarse junto a Luis Rafael.

Luis Rafael después regresa a su asiento, con la intención de continuar su conversación, pero otra breve interrupción se lo impide. Aparece en escena el billetero: el vendedor de lotería tradicional al que le compra regularmente.

El hombre se acerca con las enormes hojas llenas de números y le muestra la selección al escritor quien, sin mucho trabajo, elige uno y compra la hoja entera.

“Esta semana va a ser bendecido”, le dice el billetero, con una sonrisa de buena gente. “Todas las semanas me dice la misma mentira, parece el hermano perdido de Pinocho”, le responde Luis Rafael, y las voces de los dos hombres se unen en un concierto a dos voces de carcajadas.

“Me gustan más los restaurantes donde yo me siento yo”, dice el escritor, una vez ha terminado la transacción.

UN HOMBRE TÍMIDO

Habla, entonces, sobre su familia. Recuerda a sus padres y a sus hermanos. Repasa algunos de los momentos iniciales de su vida. Habla de su muy amado sobrino y lo mucho que lo quiere.

A pesar de su popularidad y la importancia de su obra, Luis Rafael se reconoce como un hombre un tanto tímido. Detesta los excesos de cumplidos y deferencia, admite que lo “pasman”.

Se ha resistido a lo largo de su vida a las tecnologías más allá de las estrictamente necesarias. Prefiere la gentileza de lo simple, en un mundo arropado por la indiferencia de lo difícil.

Este año se conmemora el aniversario número 50 de su obra más famosa, “La guaracha del Macho Camacho”, novela amada, admirada, odiada, criticada, mal entendida, y perfecta. Jamás pensó que su libro tendría el alcance que tuvo.

–¿Quería usted decir algo sobre la sociedad puertorriqueña en ese momento?

-“Sí, sobre todo porque fue un momento en el que el país estaba empezando a descomponerse, como en la víspera de la descomposición. Yo creo que a mucha gente no le gustó. Se vendió mucho. Salieron varias ediciones. Vino la traducción…”

Pero algo más importante llama su atención. Un par de mesas más adelante, un padre cena con sus hijos. Chicos vestidos en uniformes deportivos, uno de quizás 12 años, el otro de no más de 10. El más pequeño tiene su cabeza recostada sobre el hombro del otro, y el mayor tiene su cabeza pegada a la de su hermano. La escena conmueve a Luis Rafael, que se detiene a mirarla como si se tratara de una pintura.

“Mire cómo tan hermoso está ese hermano confortando al otro…”, dice, y hace un breve silencio contemplativo.

La mesa del padre y los niños llamará su atención a lo largo de toda la conversación. Él mismo no tuvo hijos, pero imágenes como esa, las de una paternidad afectiva y sensible, le parecen verdaderamente bellas, y cuando las encuentra, no puede evitar admirarlas.

VIDA EN PLENITUD

La vida de Luis Rafael Sánchez ha sido una llena de grandes aventuras.

Ha viajado y presentado su escritura en varias partes del mundo, ha sido amigo y colega de grandes escritores del llamado “boom”, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, por nombrar solo algunos, y ha sido camarada y compinche de muchísimos autores puertorriqueños como Ana Lydia Vega y Magali García Ramis.

Ha sido un propulsor ávido y consciente de escritores de nuevas generaciones, como Ana Teresa Toro, Mayra Santos Febres, Cezanne Cardona y Manolo Núñez Negrón. Ha sabido ser el escalón que permite a otros subir, y ha sabido serlo bien.

Es quizá por eso que ha cultivado tantas grandes amistades. Ese amor lo alimenta, le da vida. Compartir con sus seres queridos, personas que lo han acompañado la mayor parte de su vida, es su ancla al mundo. Ama conversar, ama aprender cosas nuevas, ama apreciar la vida misma.

AMISTADES PROTECTORAS

Cuenta cómo sus amigos lo cuidan y el cariño profundo que le tienen, cariño que les ha llevado a situaciones divertidas e incómodas.

Recuerda una vez que un amigo le ofreció, o más bien decidió por él, que lo llevaría a su casa luego de un evento al que había llegado un poco ajorado y sin transportación. En ese mismo lugar, se encontró con otro amigo que al verlo, también se ofreció a llevarlo. Cuando el primer amigo escuchó el intercambio, no tardó en recordarle a Luis Rafael que ya había un acuerdo entre ellos.

“Se me acercó y me dijo, ‘recuerda que te voy a llevar yo, que ahora todo mundo no se vaya a ofrecer a llevarte’. Y yo le dije que no fuera celoso”, relata, sonriendo.

–Se le puso tóxico, como dicen en estos días. -“No sabía que se dice tóxico”, responde, curioso.

–Sí, cuando tiene a una persona así, un poco controladora, le dicen ahora que son cariños tóxicos. Así que se puede decir que su amigo se le puso un poco tóxico.

-“¡Se me puso mucho tóxico!”, corrige. “Pero yo no conocía esa categoría, me hubiera salvado. ¡Qué genial! El problema fue que me lo dijo tan serio, me trató como propiedad. Me lo dijo en un tono tan macharrano”, explica y termina riendo.

El restaurante ha comenzado a vaciarse. La intensidad del mediodía se ha fraguado hasta quedar todo como un mar tranquilo. El padre y los niños de la mesa de más adelante ya han partido.

Esa estampa hermosa, que quizá le parezca lejana, es, de cierto modo, un reflejo de su vida como tantos otros la ven: gran milagro ese –digamos que un milagrote–, el de ser padre de toda una literatura, el de ser padre de tantos y tantos escritores, el de ser el padre afectivo y amoroso del escribir en puertorriqueño.

Y allí, en el silencio creciente del salón, Luis Rafael Sánchez, como un rayo de luz solar, sobresale de entre la penumbra, como diciendo con potencia bíblica que aquí sigue y seguirá la luz, hecha persona.

“Se me ha ocurrido en varias ocasiones que algún día tengo que escribir de eso”, comenta de repente, en voz baja. “De los celos de los amigos”.

Entonces, alza la mirada y sonríe.

“Fue un momento en el que el país estaba empezando a descomponerse, como en la víspera de la descomposición. Yo creo que a mucha gente no le gustó. Se vendió mucho. Salieron varias ediciones. Vino la traducción…”

LUIS RAFAEL SÁNCHEZ AL HABLAR SOBRE “LA GUARACHA DEL MACHO CAMACHO”

viernes, 19 de junio de 2026

La Asociación del Profesorado Jubilado presente en la emotiva Graduación de la UPRH.

 La Asociación del Profesorado Jubilado presente en la emotiva Graduación de la UPRH.


Félix Báez Neris
Profesor jubilado de la UPRH.

La Asociación del Profesorado Jubilado de la Universidad de Puerto Rico en Humacao desea expresar su más sincera felicitación al rector Dr. Edwin Mojica, por la excelente organización y conducción de los actos de graduación, que se celebraron el pasado martes, 16 de junio, en el Coliseo Marcelo Trujillo Panisse. Deseamos felicitar a cada uno de los 438 estudiantes que conforman la Clase Graduanda 2026 de la UPRH.

Fue una tarde espléndida que evoca la tradición de reconocimiento al conocimiento, el liderazgo y la excelencia. Desfilamos con orgullo en La  Quincuagésima Séptima Colación de Grados, integrada por el claustro, cuerpos rectores, invitados especiales y representantes de la comunidad universitaria. Salimos desde el Centro de Artes Aguedo Mojica Marrero hasta el Coliseo Marcelo Trujillo Panisse. Es importante destacar que el acto representa la continuidad de una tradición, que reconoce el compromiso de aquellos que dedican su vida a la educación, a la investigación y a la formación. de las nuevas generaciones de profesionales.

La organización de la ceremonia fue excelente; el ambiente fue agradable, ordenado y nostálgico. Los mensajes de las distintas personas participantes fueron acertados, llenos de inspiración y sabias exhortaciones para los nuevos profesionales. Se dirigió a los presentes el rector Dr. Edwin Mojica Rodríguez, quien recibió una ovación entusiasta. Señaló “Hoy celebramos mucho más que el final de una etapa académica. Celebramos la perseverancia, el sacrificio, la valentía y los sueños que cada uno de ustedes decidió defender aun en los momentos más difíciles. Llegar hasta aquí no ha sido casualidad; ha sido el resultado de noches largas, desafíos superados y una determinación que demuestra la grandeza que existe en cada uno de ustedes”,

La decana de asuntos académicos, Dra. Liz Pagán, la decana de estudiantes, Dra. Ivelisse Blasini Torres, y el presidente del Consejo General de Estudiantes, Sr. Kensar Cruz Estrada, ofrecieron mensajes de felicitación y reconocimiento a la Clase Graduanda 2026. Como parte de la ceremonia, se contó con la participación del exalumno y empresario Juan Carlos Parra Ortiz como orador invitado. Ofreció un emotivo y motivador mensaje, invitando a los graduados a enfrentar con valentía los retos que se avecinan.
 
Los estudiantes de la clase graduada 2026 expresaron un rotundo rechazo a la gestión de la presidenta de la Universidad de Puerto Rico, Dra. Zayira Jordán Conde.   La abuchearon y le dieron la espalda en el momento en que ella ofreció su mensaje. Ejercieron su derecho de libertad de expresión y su indignación.

Destacamos la dedicatoria a la Clase Pionera de 1962, la que recibió un sonoro aplauso de pie de todos los estudiantes y claustro. Fue un hermoso gesto de homenaje a los orígenes y la historia de nuestra universidad. De igual manera,  recibió un gran aplauso el Dr. Roberto Mori González, profesor emérito de la UPRH. Además, destaco la numerosa concurrencia de los familiares presentes, plenos de alegrías y emociones que llenaron de gran colorido y realce el escenario del Coliseo.

Disfrutamos de las hermosas canciones que nos regaló el Coro de la UPRH. La banda de marcha, las abanderadas y las mascotas institucionales nos contagiaron con la energía, coreografía y musicalidad..
 
Finalmente, nos unimos a los mensajes dirigidos a los graduados, invitándolos a mantener los vínculos afectivos y profesionales con la UPRH, reafirmar el compromiso con el nido de los orgullosos búhos y búhas.

Agradecemos profundamente las atenciones y deferencias brindadas al grupo de la Asociación del Profesorado Jubilado de la UPRH. Nos sentimos honrados por el reconocimiento y la hospitalidad recibida, lo cual demuestra el aprecio y respeto a la institución a la cual hemos dedicado una vida y nos mantenemos vinculados a ella.

Felicitamos nuevamente a todos los responsables por contribuir al éxito de una ceremonia memorable, que fortalece el sentido de pertenencia y orgullo de nuestra querida universidad.

sábado, 11 de abril de 2026

Acto conmemorativo resalta el legado histórico del Cacique Jumacao.

 Acto conmemorativo resalta el legado histórico del Cacique Jumacao.

Félix Báez Neris
Profesor jubilado de la UPRH.

                                                           “Al Oriente
                                                           de nuestra patria bella
                                                           galeones bucaneros
                                                           caribes siempre fieros
                                                           y Jumacao, Jumacao
                                                           cacique que temieron”.
                                                           (Fragmento del Himno al Cacique Jumacao
)

El pasado jueves, 26 de marzo de 2026 se conmemoró el Día del Cacique Jumacao en el área donde se ubica su monumento, en la intersección del Desvío Norte con la carretera número 3, salida hacia la playa. El monumento al Cacique Jumacao es obra del escultor humacaeño Alwin Rivera. Originalmente, se colocó un busto del Cacique con motivo de la Celebración del Bicentenario de la Fundación de Humacao, en 1993.

La actividad, organizada por  la Administración Municipal de Humacao, reunió a funcionarios, educadores, artistas y ciudadanos interesados en reflexionar sobre la figura del líder taíno y su vigencia en la identidad cultural del pueblo. Nos alegró saber que se rescató esta actividad y se remozó el monumento.

El Sr. José Carlos (Choco) Rodríguez  fungió como maestro de ceremonias. Se escuchó el himno al Cacique Jumacao, cuya letra y música es del distinguido músico y compositor humacaeño Marianito Rodríguez López. Se dirigieron a los presentes, el director de la Oficina de Arte Cultura y Turismo el Sr. Ebidi Vázquez, quien agradeció la colaboración de todas las personas que hicieron posible la actividad que honra la figura y el legado del valiente Cacique Jumacao. La alcaldesa Rosamar Trujillo Plumey agradeció a su personal y, en especial, al agrónomo Ericson Burgos, por la labor realizada. Destacó la importancia y relevancia del proyecto donde se preservan estos espacios históricos como el del Cacique Jumacao que representa el espíritu indomable de lucha y amor por su gente.  “Recordar al Cacique Jumacao es reafirmar con amor quiénes somos como pueblo”.

La “Marching Band” de la centenaria Banda Municipal de Humacao dirigida por el profesor Edwin Santiago nos obsequió con las rítmicas, contagiosas y retumbantes melodías musicales. Además, disfrutamos de la energía y coloridos bailes del Ballet Folklórico de la Escuela Especializada en Bellas Artes Anita Otero, dirigida por la profesora Daina Rivera.

El estudiante Juan José Vázquez Sánchez, de la Escuela Anita Otero, destacó que el Cacique supo enfrentar momentos muy difíciles para su pueblo taíno y lo defendió con valor y gallardía. Puntualizó la importancia de aquilatar su legado y su significado de identidad en el presente.

El autor del libro La insurreción del Cacique Jumacao, Fernando (Nando) Acosta, ofreció una interesante charla sobre el héroe taíno de la Ciudad. Hizo un análisis sobre el contexto histórico de Jumacao y su papel dentro de la resistencia indígena. Enfatizó la importancia de rescatar la historia de lucha y resistencia de los líderes taínos del oriente borincano.   Explicó que las tres flechas que aparecen en el Escudo de Humacao se refieren a las tres etapas de guerra del Cacique Jumacao contra los españoles, señaló durante su intervención.

El amigo Santos Rodríguez, del Junte de Artistas y Escritores Internacionales (Jayei) nos regaló uno de sus poemas. Resaltó el orgullo que siente de ser hijo de Humacao.

El componente cultural del evento incluyó la participación de la Banda Indígena de Jayuya, constituida por un grupo de talentosos y comprometidos jóvenes. Nos deleitaron con el Areyto, un mágico espectáculo recreando con la vestimenta taína, danzas, música, mitos, cantos y espiritualidad. El ritual fue dirigido por un guía al ritmo de maracas, el caracol y el tambor. La presentación fue enaltecedora y cautivante, y es una forma viva de contar nuestra historia. ¡Bravo!

Dialécticas del dialogo entre marxismo y nacionalismo en Borinquen

 

Dialécticas del dialogo entre marxismo y nacionalismo en Borinquen

Reseña del libro Marxismo y nación Puerto Rico Siglo XX de la autoría de Carlos Rojas Osorio

 

Maximiliano Dueñas Guzmán

 

            Este libro es de una nostalgia esperanzadora. Nos evoca un pasado—particularmente de esas décadas en que el independentismo intentó fusionarse con el nacionalismo—para alimentar nuestro pensar/hacer justo en este momento en que vivimos un profundo desconcierto producto de la acentuación del ecocidio, la consolidación planetaria de la ideología neoliberal, el genocidio del pueblo palestino, el endeudamiento como principal forma de acumulación del capitalismo y el recrudecimiento del imperialismo canibalista. Con este libro, Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX, Carlos Rojas Osorio, parece unirse a ese coro de voces que nos están convocando a explorar el caudal de lecciones que nos ofrecen las indocilidades de las décadas del 1960 y 1970.  Otras voces en ese coro son Carlos Pabón con su libro Ilusión y ruinas. Imaginarios de izquierda en Puerto Rico desde los sesenta (2025), Félix Ojeda Reyes con su libro La protesta armada (2025) y Federico Cintrón Fiallo con su ensayo, “La nueva lucha en Puerto Rico: independencia y socialismo (1960-1980)” también del 2025.  Pero la nostalgia esperanzadora, el ánimo utópico, de Carlos Rojas Osorio tiene mayor longevidad. Él nos propone que justipreciemos no solo las luchas emancipadoras de esas décadas, sino las de todo el siglo XX borinqueño. 

            La vinculación teórica y práctica con la efervescencia emancipadora de las décadas del 1960 y 1970 es entonces uno de los contextos del libro Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX. Obviamente, otro contexto fundamental de esta publicación es la amplia obra del autor, gestión que sobrepasa la producción de más de cuarenta libros y un centenar de artículos en revistas académicas en Puerto Rico, el Caribe, América Latina y Europa.  Entre los temas de su vasta obra que podemos ver reflejados en este libro están los vínculos o ecos filosóficos de las posturas de representantes del pensamiento borinqueño contestatario, particularmente aquellas que se pueden emparentar con las aportaciones de Foucault, y las puntuales reflexiones en torno al postmodernismo. 

            La lectura de este texto me motivó a identificar una serie de dialécticas (interacciones de oposición e interdependencia entre elementos) que Carlos Rojas Osorio usa para explorar el desarrollo del marxismo a través de las luchas emancipadoras borinqueñas del siglo XX. Hay dos de mayor preponderancia y son las que conforman los objetivos explícitos del libro:

1.      Marxismo y el hacer/pensar independentista puertorriqueño;

a.       Como parte de éste, las controversias en torno al marxismo y la cuestión nacional.

2.      El desarrollo de legitimidad del marxismo en varias disciplinas del saber humano en Puerto Rico: sociología, antropología, ciencias políticas, las humanidades, historiografía y filosofía.

Pero en el resto de la trama que conforma este libro, Carlos Rojas Osorio teje nueve dialécticas adicionales en interacción, en estrecho entrelazamiento, con las primeras dialécticas: 1. Marxismo y literatura; 2. Marxismo y feminismo; 3. Marxismo y sindicalismo; 4. Marxismo académico y marxismo organizativo; 5. Marxismo y raza; 6. Marxismo y ecología; 7. Nacionalismo y diáspora; 8. Marxismo y decolonialidad; y 9. Marxismo y postmodernismo. El libro, entonces, se lee como una serie de diálogos entre estas once dialécticas.  Una reseña del libro que aborde las once dialécticas sería muy extensa, y por lo tanto en este texto sólo hago referencia a algunas de ellas.

            Para iniciar este recorrido de las dialécticas dialógicas del marxismo y nacionalismo en Borinquen, Carlos Rojas Osorio nos ofrece un resumen del debate que se suscitó en Europa desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX en torno a cómo los comunistas debían afrontar los anhelos de nacionalidad por parte de diferentes sectores sociales, particularmente los de la clase obrera.  Dada la coincidencia de intereses de los proletariados de todo el mundo en abolir las burguesías nacionales, el dilema era y sigue siendo si los intereses de la clase obrera incluyen el lograr que las nacionalidades tengan su propio gobierno/estado. En otras palabras, el dilema era/es si deben prevalecer los intereses de clase o los de nación, si se debe dar prioridad al ser obrero o al ser patriota. Para Carlos Rojas Osorio el punto de partida de ese debate fue el Manifiesto Comunista, texto del 1848 que incluye la paradójica afirmación (y la cual capta en forma sucinta la dialéctica o antagonismo entre clase y nación): “Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad” (Marx & Engels, p. 46, 1848/2004).

            Ya en la exposición de Carlos Rojas Osorio sobre el marxismo borinqueño de principios de siglo XX, se comienzan a divisar algunas de las once dialécticas mencionadas anteriormente. Y en el resto del libro, él nos provee análisis de estudios realizados sobre personas, organizaciones y textos relacionados con las tensiones entre nacionalismo y socialismo en Borinquen, durante todo el siglo XX (hasta el 1993). En este recorrido histórico y temático es que nos podemos compenetrar con los diálogos suscitados entre las once dialécticas.

Con su valoración de personas y organizaciones socialistas e independentistas de inicios del siglo XX, Carlos Rojas Osorio nos incita a ver las otras dialécticas en dialogo con las tensiones entre clase y nación. Así, por ejemplo, tanto Ramón Romero Rosa como Nemesio Canales defendieron los derechos de la mujer y el primero fue consistente crítico del racismo, aún dentro de las organizaciones obreras (p. 28). En el 1912, se fundó el Partido de la Independencia—entidad basada, según nuestro autor, en el socialismo cooperativista—y que contó entre sus fundadores a Luis Llorens Torres, Manuel Zeno Gandía y Rosendo Matienzo Cintrón. En el programa de este partido se reclamaban “los mismos derechos económicos y políticos para ambos sexos” y se afirmaba que “el trabajador es más importante que el capital” (p. 43). Para Rafael López Landrón, otro de los fundadores del Partido de la Independencia, había coincidencia entre las luchas de la mujer, la sindical y la anticolonial (p. 46).

            Carlos Rojas Osorio nos reseña con precisión que la lucha feminista en Puerto Rico se inicia con el quehacer de Luisa Capetillo. El libro de Luisa Capetillo, Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, publicado en el 1911, se considera el “primer libro puertorriqueño del discurso feminista” (p. 69). Pero en su quehacer feminista, Luisa Capetillo encarnó muchas de las otras dialécticas propuestas por Carlos Rojas Osorio: fue digna representante de la tradición de obrerismo intelectual pues fue lectora en fábricas de tabaco, práctica que la familiarizó con el anarquismo, el marxismo y obras destacadas de la literatura mundial; y a través de sus textos propulsó la oposición al capitalismo, al patriarquismo y al racismo. Otras representantes de la dialéctica marxismo y feminismo— particularmente en la tensión por legitimar al marxismo en la academia—que Carlos Rojas Osorio examina del siglo XX borinqueño son: Marcia Rivera, especialmente su enfoque sobre la mujer en la historia del Caribe; Margarita Ostolaza, quien fusiona ideas de Foucault con marxismo para avalar las posturas que las crisis de la lucha independentista se superarán con la incorporación de la lucha feminista y que la opresión de la mujer es más fundamental que las de clase y raza en el sostenimiento del capitalismo; y Norma Valle Ferrer quien contribuye a superar la falsedad de la inexistencia de la mujer en la historia de Puerto Rico con sus dos libros, Luisa Capetillo. Historia de una mujer proscrita y Las Mujeres en la Historia de Puerto Rico, textos en que se entrelazan las opresiones de raza, sexo, clase social y colonialismo.          

Con su estudio de las figuras más reconocidas de las insubordinaciones boricuas del siglo XX, Carlos Rojas Osorio continúa hilvanado las once dialécticas.  Así, por ejemplo, en su apreciación de Julia de Burgos, destaca las contribuciones de la poeta al nacionalismo, a las reivindicaciones proletarias y a la lucha feminista. En su consideración de Juan Antonio Corretjer, asiente la afirmación del poeta nacional cuando dice: “La unidad nacional es hija de una contradicción; se origina en una sociedad dividida en clases, cuya lucha misma ha hecho nacer la nación” (p. 95).

Con su análisis de las historias del Partido Comunista, el Movimiento Pro Independencia (MPI) y el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y otras organizaciones marxistas, Carlos Rojas Osorio llega a una de las dialécticas centrales del libro: “la gran polémica acerca del marxismo y la cuestión nacional” (p. 10).  En el desarrollo de estas organizaciones y sus relaciones entre sí que el autor detalla, se evidencian repetidos momentos de confluencia entre lucha obrera y lucha independentista, pero también experiencias de antagonismo entre las dos aspiraciones. Una de las manifestaciones más contundentes de las confluencias está en el hecho que para la policía y otras agencias represivas no existía gran diferencia entre nacionalistas y socialistas/comunistas (p. 325).  A modo de ejemplo, César Andreu Iglesias y otros líderes del Partido Comunista fueron arrestados tanto en el 1950 como en el 1954 después de acciones armadas del Partido Nacionalista. Pero la cruenta oposición entre ambas corrientes se observa particularmente en el seno de las organizaciones que buscaron fusionar socialismo e independentismo. La disolución del PSP es posiblemente el ejemplo más notorio de esta contradicción. En su examinación de los documentos de la debacle del PSP, Carlos Rojas Osorio evalúa las razones del conflicto entre las dos tendencias para concluir que según los teóricos por él citados las diferencias no tenían “que conducir a un enfrentamiento irreconciliable” (p. 355).

En la introducción del libro, el autor nos confiesa que, inspirado por la labor del filósofo cubano—Pablo Guadarrama González—, su objetivo original era “estudiar la presencia de la filosofía marxista en Puerto Rico” (p. 15) pero que en el proceso de su investigación se percató de la riqueza multidisciplinaria de esta perspectiva y de su fecundo vínculo con la praxis política. Por estas razones, la mayor parte del libro está dedicado a las dialécticas de legitimación del marxismo en la academia borinqueña, particularmente en las disciplinas de las ciencias sociales, las humanidades, la historiografía y, lógicamente, la filosofía. Así Carlos Rojas Osorio nos presenta una exégesis de las aportaciones académicas de marxistas tal como: Manuel Maldonado Denis en ciencia política; Ángel Quintero Rivera , Juan Manuel Carrión y José Luis Méndez en sociología, Carlos Buitrago Ortiz en antropología; Félix Córdova Iturregui y José Luis González en las humanidades; Gervasio García, Francisco Moscoso, José Manuel García Leduc, Rafael Bernabe y Antonio Gaztambide Géigel en historiografía; George Fromm, Ángel Villarini Jusino, Virgilio Colón León, Eliseo Cruz Vergara, José Echeverría Yañez, Samuel Silva Gotay, Miriam Muñiz Varela, Francisco José Ramos, Rafael Aragunde y Joserramon Mélendes en filosofía.

En varias ocasiones a través del texto, Carlos Rojas Osorio analiza con entusiasmo perspectivas que abogan por articular las resistencias a las opresiones de raza, clase y nación. Yo entiendo que es imperativo amalgamar estas luchas con la defensa sistemática del ambiente. ¿Cómo se da esta amalgamación en diferentes coyunturas? Esto es el reto tanto de las/os teóricos que buscan fusionar el marxismo con teorías de decolonialidad y de la praxis política del movimiento anti-capitalista borinqueño y global en el siglo XXI.

Aunque la mirada de Carlos Rojas Osorio al siglo XX borinqueño pueda inspirar nostalgia por tiempos pasados, es evidente a través de todo el libro que él está particularmente interesado en rescatar el valor del marxismo para nutrir las insubordinaciones de la actualidad. En este sentido, este libro puede ser leído como una extensión de sus aportaciones en torno al postmodernismo y sus efectos desmovilizadores. En repetidas ocasiones en el texto, el autor nos recuerda la famosa frase de Foucault en la que este autor, en los momentos más álgidos del postmodernismo, reconoció que Marx—la influencia subversiva de su pensamiento—había desaparecido, pero que este valor contestatario del marxismo “reaparecerá un día” (p. 527). Ciertamente, las aportaciones del libro, Marxismo y Nación Puerto Rico siglo XX, contribuyen a subvertir esa actualidad desconcertante que mencioné al principio de esta reseña. En palabras de César Andreu Iglesias, líder comunista borinqueño durante varias décadas del siglo XX:

“Las victorias están llenas de pasadas derrotas. Y, además, nunca es derrota completa la que nos ayuda a descubrir el camino a seguir”. César Andreu Iglesias, (Los derrotados, 1956)