sábado, 11 de abril de 2026

Dialécticas del dialogo entre marxismo y nacionalismo en Borinquen

 

Dialécticas del dialogo entre marxismo y nacionalismo en Borinquen

Reseña del libro Marxismo y nación Puerto Rico Siglo XX de la autoría de Carlos Rojas Osorio

 

Maximiliano Dueñas Guzmán

 

            Este libro es de una nostalgia esperanzadora. Nos evoca un pasado—particularmente de esas décadas en que el independentismo intentó fusionarse con el nacionalismo—para alimentar nuestro pensar/hacer justo en este momento en que vivimos un profundo desconcierto producto de la acentuación del ecocidio, la consolidación planetaria de la ideología neoliberal, el genocidio del pueblo palestino, el endeudamiento como principal forma de acumulación del capitalismo y el recrudecimiento del imperialismo canibalista. Con este libro, Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX, Carlos Rojas Osorio, parece unirse a ese coro de voces que nos están convocando a explorar el caudal de lecciones que nos ofrecen las indocilidades de las décadas del 1960 y 1970.  Otras voces en ese coro son Carlos Pabón con su libro Ilusión y ruinas. Imaginarios de izquierda en Puerto Rico desde los sesenta (2025), Félix Ojeda Reyes con su libro La protesta armada (2025) y Federico Cintrón Fiallo con su ensayo, “La nueva lucha en Puerto Rico: independencia y socialismo (1960-1980)” también del 2025.  Pero la nostalgia esperanzadora, el ánimo utópico, de Carlos Rojas Osorio tiene mayor longevidad. Él nos propone que justipreciemos no solo las luchas emancipadoras de esas décadas, sino las de todo el siglo XX borinqueño. 

            La vinculación teórica y práctica con la efervescencia emancipadora de las décadas del 1960 y 1970 es entonces uno de los contextos del libro Marxismo y Nación Puerto Rico Siglo XX. Obviamente, otro contexto fundamental de esta publicación es la amplia obra del autor, gestión que sobrepasa la producción de más de cuarenta libros y un centenar de artículos en revistas académicas en Puerto Rico, el Caribe, América Latina y Europa.  Entre los temas de su vasta obra que podemos ver reflejados en este libro están los vínculos o ecos filosóficos de las posturas de representantes del pensamiento borinqueño contestatario, particularmente aquellas que se pueden emparentar con las aportaciones de Foucault, y las puntuales reflexiones en torno al postmodernismo. 

            La lectura de este texto me motivó a identificar una serie de dialécticas (interacciones de oposición e interdependencia entre elementos) que Carlos Rojas Osorio usa para explorar el desarrollo del marxismo a través de las luchas emancipadoras borinqueñas del siglo XX. Hay dos de mayor preponderancia y son las que conforman los objetivos explícitos del libro:

1.      Marxismo y el hacer/pensar independentista puertorriqueño;

a.       Como parte de éste, las controversias en torno al marxismo y la cuestión nacional.

2.      El desarrollo de legitimidad del marxismo en varias disciplinas del saber humano en Puerto Rico: sociología, antropología, ciencias políticas, las humanidades, historiografía y filosofía.

Pero en el resto de la trama que conforma este libro, Carlos Rojas Osorio teje nueve dialécticas adicionales en interacción, en estrecho entrelazamiento, con las primeras dialécticas: 1. Marxismo y literatura; 2. Marxismo y feminismo; 3. Marxismo y sindicalismo; 4. Marxismo académico y marxismo organizativo; 5. Marxismo y raza; 6. Marxismo y ecología; 7. Nacionalismo y diáspora; 8. Marxismo y decolonialidad; y 9. Marxismo y postmodernismo. El libro, entonces, se lee como una serie de diálogos entre estas once dialécticas.  Una reseña del libro que aborde las once dialécticas sería muy extensa, y por lo tanto en este texto sólo hago referencia a algunas de ellas.

            Para iniciar este recorrido de las dialécticas dialógicas del marxismo y nacionalismo en Borinquen, Carlos Rojas Osorio nos ofrece un resumen del debate que se suscitó en Europa desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX en torno a cómo los comunistas debían afrontar los anhelos de nacionalidad por parte de diferentes sectores sociales, particularmente los de la clase obrera.  Dada la coincidencia de intereses de los proletariados de todo el mundo en abolir las burguesías nacionales, el dilema era y sigue siendo si los intereses de la clase obrera incluyen el lograr que las nacionalidades tengan su propio gobierno/estado. En otras palabras, el dilema era/es si deben prevalecer los intereses de clase o los de nación, si se debe dar prioridad al ser obrero o al ser patriota. Para Carlos Rojas Osorio el punto de partida de ese debate fue el Manifiesto Comunista, texto del 1848 que incluye la paradójica afirmación (y la cual capta en forma sucinta la dialéctica o antagonismo entre clase y nación): “Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad” (Marx & Engels, p. 46, 1848/2004).

            Ya en la exposición de Carlos Rojas Osorio sobre el marxismo borinqueño de principios de siglo XX, se comienzan a divisar algunas de las once dialécticas mencionadas anteriormente. Y en el resto del libro, él nos provee análisis de estudios realizados sobre personas, organizaciones y textos relacionados con las tensiones entre nacionalismo y socialismo en Borinquen, durante todo el siglo XX (hasta el 1993). En este recorrido histórico y temático es que nos podemos compenetrar con los diálogos suscitados entre las once dialécticas.

Con su valoración de personas y organizaciones socialistas e independentistas de inicios del siglo XX, Carlos Rojas Osorio nos incita a ver las otras dialécticas en dialogo con las tensiones entre clase y nación. Así, por ejemplo, tanto Ramón Romero Rosa como Nemesio Canales defendieron los derechos de la mujer y el primero fue consistente crítico del racismo, aún dentro de las organizaciones obreras (p. 28). En el 1912, se fundó el Partido de la Independencia—entidad basada, según nuestro autor, en el socialismo cooperativista—y que contó entre sus fundadores a Luis Llorens Torres, Manuel Zeno Gandía y Rosendo Matienzo Cintrón. En el programa de este partido se reclamaban “los mismos derechos económicos y políticos para ambos sexos” y se afirmaba que “el trabajador es más importante que el capital” (p. 43). Para Rafael López Landrón, otro de los fundadores del Partido de la Independencia, había coincidencia entre las luchas de la mujer, la sindical y la anticolonial (p. 46).

            Carlos Rojas Osorio nos reseña con precisión que la lucha feminista en Puerto Rico se inicia con el quehacer de Luisa Capetillo. El libro de Luisa Capetillo, Mi opinión sobre las libertades, derechos y deberes de la mujer, publicado en el 1911, se considera el “primer libro puertorriqueño del discurso feminista” (p. 69). Pero en su quehacer feminista, Luisa Capetillo encarnó muchas de las otras dialécticas propuestas por Carlos Rojas Osorio: fue digna representante de la tradición de obrerismo intelectual pues fue lectora en fábricas de tabaco, práctica que la familiarizó con el anarquismo, el marxismo y obras destacadas de la literatura mundial; y a través de sus textos propulsó la oposición al capitalismo, al patriarquismo y al racismo. Otras representantes de la dialéctica marxismo y feminismo— particularmente en la tensión por legitimar al marxismo en la academia—que Carlos Rojas Osorio examina del siglo XX borinqueño son: Marcia Rivera, especialmente su enfoque sobre la mujer en la historia del Caribe; Margarita Ostolaza, quien fusiona ideas de Foucault con marxismo para avalar las posturas que las crisis de la lucha independentista se superarán con la incorporación de la lucha feminista y que la opresión de la mujer es más fundamental que las de clase y raza en el sostenimiento del capitalismo; y Norma Valle Ferrer quien contribuye a superar la falsedad de la inexistencia de la mujer en la historia de Puerto Rico con sus dos libros, Luisa Capetillo. Historia de una mujer proscrita y Las Mujeres en la Historia de Puerto Rico, textos en que se entrelazan las opresiones de raza, sexo, clase social y colonialismo.          

Con su estudio de las figuras más reconocidas de las insubordinaciones boricuas del siglo XX, Carlos Rojas Osorio continúa hilvanado las once dialécticas.  Así, por ejemplo, en su apreciación de Julia de Burgos, destaca las contribuciones de la poeta al nacionalismo, a las reivindicaciones proletarias y a la lucha feminista. En su consideración de Juan Antonio Corretjer, asiente la afirmación del poeta nacional cuando dice: “La unidad nacional es hija de una contradicción; se origina en una sociedad dividida en clases, cuya lucha misma ha hecho nacer la nación” (p. 95).

Con su análisis de las historias del Partido Comunista, el Movimiento Pro Independencia (MPI) y el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y otras organizaciones marxistas, Carlos Rojas Osorio llega a una de las dialécticas centrales del libro: “la gran polémica acerca del marxismo y la cuestión nacional” (p. 10).  En el desarrollo de estas organizaciones y sus relaciones entre sí que el autor detalla, se evidencian repetidos momentos de confluencia entre lucha obrera y lucha independentista, pero también experiencias de antagonismo entre las dos aspiraciones. Una de las manifestaciones más contundentes de las confluencias está en el hecho que para la policía y otras agencias represivas no existía gran diferencia entre nacionalistas y socialistas/comunistas (p. 325).  A modo de ejemplo, César Andreu Iglesias y otros líderes del Partido Comunista fueron arrestados tanto en el 1950 como en el 1954 después de acciones armadas del Partido Nacionalista. Pero la cruenta oposición entre ambas corrientes se observa particularmente en el seno de las organizaciones que buscaron fusionar socialismo e independentismo. La disolución del PSP es posiblemente el ejemplo más notorio de esta contradicción. En su examinación de los documentos de la debacle del PSP, Carlos Rojas Osorio evalúa las razones del conflicto entre las dos tendencias para concluir que según los teóricos por él citados las diferencias no tenían “que conducir a un enfrentamiento irreconciliable” (p. 355).

En la introducción del libro, el autor nos confiesa que, inspirado por la labor del filósofo cubano—Pablo Guadarrama González—, su objetivo original era “estudiar la presencia de la filosofía marxista en Puerto Rico” (p. 15) pero que en el proceso de su investigación se percató de la riqueza multidisciplinaria de esta perspectiva y de su fecundo vínculo con la praxis política. Por estas razones, la mayor parte del libro está dedicado a las dialécticas de legitimación del marxismo en la academia borinqueña, particularmente en las disciplinas de las ciencias sociales, las humanidades, la historiografía y, lógicamente, la filosofía. Así Carlos Rojas Osorio nos presenta una exégesis de las aportaciones académicas de marxistas tal como: Manuel Maldonado Denis en ciencia política; Ángel Quintero Rivera , Juan Manuel Carrión y José Luis Méndez en sociología, Carlos Buitrago Ortiz en antropología; Félix Córdova Iturregui y José Luis González en las humanidades; Gervasio García, Francisco Moscoso, José Manuel García Leduc, Rafael Bernabe y Antonio Gaztambide Géigel en historiografía; George Fromm, Ángel Villarini Jusino, Virgilio Colón León, Eliseo Cruz Vergara, José Echeverría Yañez, Samuel Silva Gotay, Miriam Muñiz Varela, Francisco José Ramos, Rafael Aragunde y Joserramon Mélendes en filosofía.

En varias ocasiones a través del texto, Carlos Rojas Osorio analiza con entusiasmo perspectivas que abogan por articular las resistencias a las opresiones de raza, clase y nación. Yo entiendo que es imperativo amalgamar estas luchas con la defensa sistemática del ambiente. ¿Cómo se da esta amalgamación en diferentes coyunturas? Esto es el reto tanto de las/os teóricos que buscan fusionar el marxismo con teorías de decolonialidad y de la praxis política del movimiento anti-capitalista borinqueño y global en el siglo XXI.

Aunque la mirada de Carlos Rojas Osorio al siglo XX borinqueño pueda inspirar nostalgia por tiempos pasados, es evidente a través de todo el libro que él está particularmente interesado en rescatar el valor del marxismo para nutrir las insubordinaciones de la actualidad. En este sentido, este libro puede ser leído como una extensión de sus aportaciones en torno al postmodernismo y sus efectos desmovilizadores. En repetidas ocasiones en el texto, el autor nos recuerda la famosa frase de Foucault en la que este autor, en los momentos más álgidos del postmodernismo, reconoció que Marx—la influencia subversiva de su pensamiento—había desaparecido, pero que este valor contestatario del marxismo “reaparecerá un día” (p. 527). Ciertamente, las aportaciones del libro, Marxismo y Nación Puerto Rico siglo XX, contribuyen a subvertir esa actualidad desconcertante que mencioné al principio de esta reseña. En palabras de César Andreu Iglesias, líder comunista borinqueño durante varias décadas del siglo XX:

“Las victorias están llenas de pasadas derrotas. Y, además, nunca es derrota completa la que nos ayuda a descubrir el camino a seguir”. César Andreu Iglesias, (Los derrotados, 1956)

 

 

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